Desesperado por coger la moto

Mantenimiento básico

No sé vosotros, pero yo ya estoy que me subo por las paredes. Llevo semanas mirando por la ventana, y cada vez que parece que despeja, ¡zas! Vuelve a caer agua como si nunca antes hubiera llovido en este país. ¿Soy el único al que la moto le mira con cara de pena desde el garaje? Sí, ya sé que exagero, pero vamos, que la desesperación es real.

 

Y es que los moteros somos de otro planeta. Nos puede la ansiedad cuando pasan más de dos días sin rodar. Estas semanas de lluvias intensas han sido una auténtica prueba de resistencia mental, espiritual y casi física. Os juro que me he puesto el casco en el sofá para recordar cómo se sentía eso de llevarlo puesto. Patético, lo sé.

Pero oye, tampoco me juzguéis demasiado, que sé de buena tinta que alguno que otro ha estado igual. El otro día me escribió Javi, colega de rutas desde hace años, diciéndome que había arrancado la moto en el garaje solo por escucharla un rato. Otro nivel, amigos. Aunque no diré que no he estado tentado de hacer exactamente lo mismo…

Además, no olvidemos el típico ritual del motero desesperado: abrir la app del tiempo compulsivamente. ¿Que pone que el sábado da tregua? Ya estás preparando mentalmente la ruta, echando gasolina al depósito aunque sea jueves y revisando la presión de los neumáticos por cuarta vez en la semana. Vamos, lo normal.

Estas semanas me han servido también para reflexionar sobre algo importante: ¿por qué demonios no tengo un mono de agua decente? Seguro que a más de uno le ha pasado lo mismo: ver que otros colegas no paran ni con tormenta perfecta, mientras tú miras resignado la previsión desde la ventana. Lección aprendida: próxima compra, equipamiento impermeable nivel Titanic.

Reconozco que también he aprovechado estos días para hacer «limpieza». Bueno, vale, realmente ha sido una excusa barata para estar cerca de la moto. Pulir un poco los cromados, revisar frenos, cadenas y demás cosas que, sinceramente, no necesitaban revisión. Pero todo sea por pasar el rato y autoengañarme de que estoy «cerca» de rodar.

Y es que montar en moto no es solo una afición, es una auténtica necesidad vital. Ese momento de desconexión total, el olor del asfalto mojado que empieza a secarse, la sensación de libertad cuando giras el puño y el motor responde con ese sonido que no cambio por nada. En fin, moteros, que necesito subirme a la moto ya mismo.

Pero seamos sinceros: también sabemos que después de tantos días sin montar, la primera salida siempre tiene algo de épica y desastre por igual. Que si te olvidas algo en casa, que si la moto hace un ruido raro que realmente es tu paranoia post-lluvia, que si la ruta que parecía tan buena ahora resulta que está llena de charcos traicioneros y barro en cada curva. Pero oye, bendito desastre, porque significa que al menos estamos rodando.

Por cierto, ¿alguien ha comprobado cómo está la carretera de la sierra? Porque después de este diluvio universal, lo mismo tenemos que montar neumáticos de motocross para salir de casa. Bromas aparte, mucho ojo en las primeras salidas después de estas lluvias tan fuertes, que seguro habrá sorpresas desagradables en forma de gravilla, ramas y algún que otro desprendimiento.

Ah, y por último, no olvidemos esa foto que todos haremos el primer día que podamos salir a rodar. Esa foto que colgaremos orgullosos en Instagram, Facebook, WhatsApp y hasta en el tablón de anuncios del supermercado si hace falta, con la sonrisa de oreja a oreja y el título: «Por fin sobre ruedas».

Así que, queridos colegas de dos ruedas, paciencia que ya queda menos. Mientras tanto, afilad los guantes, sacad brillo a los cascos y preparad las rutas, que esto en breve se acaba. Nos vemos pronto en la carretera (¡espero!).

No te pierdas...

La cadena, no te olvides de ella