Mi moto y yo, yo y mi moto. Me encanta decir que somos 1. Suena romántico, quizás sea así, pero ambos conectamos y eso es lo que importa
Dicen que la moto es solo un vehículo,pero los que vivimos sobre dos ruedas sabemos que eso es una mentira tan grande como decir que solo se puede tener una moto en la vida (spoiler: nunca es suficiente con una). La realidad es que hay algo especial en la conexión entre el motero y su máquina, algo que la gente de coche nunca entenderá del todo, pues aunque ambos rueden por la carretera, las sensaciones son mundos distintos.
Todos recordamos el momento exacto en el que arrancamos nuestra primera moto. Esa mezcla de nervios, emoción y el leve pánico de no caer al suelo en los primeros metros y que a los mandos del manillar, todo parece ir mucho más deprisa de lo que en un primer momento habías creído. Pero cuando todo encaja, cuando empiezas a entender cómo responde el acelerador, cómo se inclina en las curvas y cómo se siente el viento en la cara… ahí es cuando todo cambia, y amigo, ya no hay vuelta atrás.
Desde ese momento, la moto deja de ser solo un conjunto de metal y gasolina. Se convierte en una extensión de nosotros mismos. No es una relación en la que tú mandas y ella obedece; es un equipo, un baile bien sincronizado donde ambos tienen que confiar el uno en el otro, donde estoy conectando con mi moto, donde somos lo mismo y queremos disfrutar.
Puede sonar raro para los que no montan en moto, pero nosotros hablamos con nuestras máquinas. Y no, no me refiero a insultarla cuando no arranca a la primera (aunque también pasa). Me refiero a esa comunicación sin palabras que se da cuando llevas tiempo rodando con la misma moto y entiendes cada uno de sus ruidos, cada vibración y cada pequeña reacción, y donde un pequeño desperfecto en su cuerpo te duele como si fueras tú quien lo sufre.
Sabes cuándo está pidiendo una revisión, cuándo los neumáticos necesitan un respiro o cuándo simplemente te dice: “Hoy vamos a rodar como nunca”. Y no hay mejor sensación que esa complicidad.
Antes de cada ruta, hay un pequeño ritual que muchos seguimos sin darnos cuenta. Revisar la presión de las ruedas, ajustar bien los guantes, encender la moto y dejar que el motor coja temperatura mientras nosotros nos mentalizamos para lo que viene (tras esto, algunos planifican el viaje, a mí me gusta elegir un lugar y poco más, que llegue a donde tenga que llegar), Esos segundos antes de salir son pura magia. Es como el instante antes de un salto al vacío, ese momento de anticipación que solo los moteros entendemos.
Para algunos, la moto es su forma de escapar del estrés. Para otros, es una manera de viajar y conocer el mundo. Y para muchos, es simplemente un estilo de vida que los hace sentir vivos, y el resto que no lo entiende… que se queden con sus coches.
Porque al final del día, da igual la cilindrada o el modelo. Lo importante es lo que sientes cuando giras el puño y la carretera se abre ante ti. Y eso, amigo, es algo que solo nosotros entendemos.
¿Y tú, qué sientes cuando ruedas con tu moto? Cuéntamelo en los comentarios y nos echamos unas risas entre moteros.
Dando Gas - 2025